entonces vimos a neptuno
y sus aguas eran las más claras que podía recordar
se desbordaban como mis mejillas y mis ojos
oasis para el corazón
tú me preguntaste que parte del mundo parecía, y yo reí
no importaba la ciudad, ni el continente
ni la moneda, ni el tipo de cambio
ni las inclemencias del tiempo
ni las postales, ni el souvenir
era el edén más grande del mundo
helado que se come con la lengua
domingo
matiné
tornasol
toda la ciudad en su violenta calma
esperando con sus tenis de charol
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